Servicio y ayuda a la comunidad
Por: Dulce María Solís Bernal.
GÓMEZ PALACIO DGO.- En una casa deteriorada por el tiempo y con figuras de santos como adorno en la fachada, abre su puerta María Luisa Maldonado Guerrero, mejor conocida como la "madre Licha", con 28 años de dar catecismo y clases.
- Ahora hay mucha maldad, antes se respetaba a las iglesias, ya hay muchos hombres sin quehacer no oficio, se perdieron los valores y las ganas de ayudar, dice la Madre Licha.
Numerosos cuadros cuelgan del interior de la casa, una biblia sobre una repisa y un rosario verde en su cuello, mientras pone en orden todo a nuestro alrededor, su gato Pelusa duerme en un sillon.
-Mira, él es quien me hace compañia, siempre estoy solita.
La Escuelita
Las clases empezaron después de salir del convento, cuando le pidieron a mi papá una cantidad de dinero, le laman dote, que no pudo pagar, por eso abrí mi escuelita para sostenerme y no causar molestias, tenia 30 años cuando la puse, con todo donado, los libros del Colegio Villa de Matel y las bancas de la escuela Apostólica, así empezó poco a poquito.
Tiempo después el gobierno se enteró y me vinieron a preguntar que porqué la había puesto, no había escuela en la colonia, la mia fue la primera, de todo se enteran esos desgraciados. Fui fundadora de la primaria Benito Juárez, pero dejé mi trabajo por que de la presciencia mandaron maestras estudiadas y me hacían menos, se creían mucha, la gente no quería que me saliera pero esos tratos yo no los aguanto.
Pero no solo funde esa escuela tambien otras cuatro en ranchos donde daba catecismo y la iglesia de Cristo Rey, en la colonia Fco Zarco, que tuve que pedir el permiso hasta México pero esos ya son otros cuentos.
Cerre mi escuelita cuando mi papá me quebró mis bancas y me dijo:-¿Qué tiene hambre? ¿No come? ¿Porqué trabaja tanto? se enojo mucho, solo me quedan unos juguetes con los que jugaban los niños, dice mientras apuntaba unas muñecas de un librero.
Ahorita digamos que estoy de vacaciones, vivo de mis hermanas que me dan un taco, después de tanto trabajar me merezco un descanso.
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